lunes
Manos Misioneras +1
Tender un puente hacia las escuelas rurales
Una ONG empezó repartiendo calzado entre estudiantes para frenar la deserción escolar; ahora su ayuda es más amplia
Por Micaela Urdinez
LA NACION
Empezó como una actividad esporádica hasta transformarse en su motor de vida. Francisco Vigo y un grupo de amigos que compartían su tarea misionera en una parroquia de Pilar decidieron ampliar su mirada y en 1994 llegaron por primera vez a Colonia Taranco, en Misiones, a 70 kilómetros de Posadas.
"La primera vez empezamos llevando medicamentos, comida y ropa, que era lo más urgente que necesitaban", explica Francisco Vigo, presidente de Manos Misioneras, una ONG que se dedica a mejorar la calidad de vida de las comunidades rurales.
Empezaron en 2008 y apadrinaban escuelas rurales misioneras con infinidad de necesidades. "Cuando les preguntamos cuál era su necesidad más urgente, nos dijeron que les hacían falta zapatillas porque como los chicos tenían que caminar muchos kilómetros descalzos, dejaban de ir al colegio", cuenta Vigo.
Gracias a las donaciones de empresas, consiguieron cubrir la necesidad de zapatillas de cinco escuelas y del 70% de la población. "Cuando empezaron había 70% de deserción escolar. Ahora entre el calzado y la Asignación Universal por Hijo estamos en un 98% de asistencia, porque el colegio también cumple la función de comedor, dice Vigo.
Manos Misioneras atiende a una población de 500 chicos de 4 a 12 años, que provienen de comunidades muy vulnerables: las casas son de madera, con pisos de tierra. Las familias viven de la agricultura (plantan tabaco, venden lo que se cultiva y sacan para su subsistencia, aparte de lo que cobran por los planes sociales) y hablan una especie de portuñol por la cercanía con la frontera brasileña.
A la Escuela N° 148 de Colonia Caa Guazú, en departamento de Leandro N. Alem, en Misiones, asisten 79 chicos, desde el nivel inicial hasta 2° año del secundario. Por las mañanas cursan las materias pedagógicas y por la tarde los chicos participan de talleres de títeres, huerta y juegos de ingenio. Patricia Trindade, su directora, cuenta que un día una de las integrantes de la ONG le empezó a traer ropa para los chicos, luego zapatillas y ahora los proveerán de seis equipos de informática para instrumentar en los talleres.
En 2007 compraron una hectárea al lado de la escuela más humilde y alejada, en Arroyo del Medio, y gracias al aporte de familiares abrieron una salita de primeros auxilios, un SUM (salón de usos múltiples) que se usa para 7°grado y una sala de computación que todavía no tiene conexión a Internet.
En este momento están juntando donaciones para comprar una camioneta para que sirva de transporte escolar y también para emergencias médicas. Para aquellos que quieran conocer más a fondo la organización o colaborar, sus datos de contacto son: http://manosmisioneras.org.ar , francisco@manosmisioneras.org.ar o 15-4989-9763 (Francisco)..
Historias solidarias
EXCELNTE!!
Q HUEVOS Q TIENEN ESTAS MINAS!!
Fundación Sumando Voluntades
Una casa donde poder cobijar al prójimo
Unas 55 personas duermen en la calle en La Plata; una ONG las quiere asistir, pero necesita un inmueble donde funcionar
LA PLATA.- Es invierno, una cruda época con muy bajas temperaturas en la capital bonaerense. La mayoría de los platenses se resguarda en sus hogares, pero más de 50 ciudadanos deambulan por las oscuras calles sin ninguna esperanza por delante ni nada caliente con qué cobijarse.
Imprevistamente, un grupo de personas se acerca a Víctor, uno de los hombres que duermen desde hace varios años en una plaza de la ciudad ?más precisamente bajo un banco?, frente al Hospital de Niños.
"¿Te gustaría dormir en una cama? Muy pronto tendremos un lugar para que te quedes por la noche", se presentó Nancy Maldonado, presidenta de la Fundación Sumando Voluntades, en enero último, cuando decidió, junto con una amiga, emprender esta ayuda social.
Nancy y Haydeé Gayol, la otra fundadora de esta ONG local, sabían que no sería fácil conseguir el lugar para hospedar a los indigentes, pero no iban a perder el tiempo mientras iniciaban los trámites para conseguirlo (algo que todavía no pudo ser concretado). Es así que decidieron, mientras tanto, colaborar con esas personas para que pudieran pasar de la mejor manera posible el frío invierno que se avecinaba.
No están solas, afortunadamente. En las noches más crudas, alrededor de 20 voluntarios se preparan en pos de la solidaridad comunitaria. En los autos disponibles cargan recipientes con comida caliente, frazadas, saquitos de té y mate cocido, termos de agua caliente y vestimenta donada por los vecinos. A las 21 comienzan la recorrida.
Los miembros de la fundación ya han hecho un trabajo previo de reconocimiento. Saben quiénes duermen en la calle y dónde ubicarlos. Aunque para la municipalidad de La Plata sólo hay 17 personas viviendo en esas condiciones, para la fundación son más. Por ahora son 55 las personas a las que ayudan, pero entienden que en los barrios más alejados del casco urbano platense la situación también es preocupante.
Los indigentes "parecen estar esperando a la cruel muerte", contó Nancy a La Nacion, y agregó: "Tienen la autoestima muy baja, no hablan de su pasado y mucho menos esperan que alguien los ayude". Esa fue la primera impresión que tuvo cuando comenzó a acercárseles para explicarles cuál era la intención de ellas.
Algunos apenas murmuran. Nancy se sorprendió cuando Víctor le dijo: "Hay gente peor que yo". El hombre le contó cómo veía, cada día, salir del hospital a madres con hijos pequeños muy enfermos, o incluso fallecidos. "Me dio una lección de vida", añadió la titular de la fundación con los ojos humedecidos.
Hay un dato relevante. Muchas de estas personas, casi todas hombres de entre 40 y 75 años, están viviendo en estas condiciones desde hace alrededor de 10 años, justo cuando la crisis social y económica comenzó a azotar con rudeza a las clases sociales más expuestas. Hasta entonces, solían vivir en piezas alquiladas y trabajaban en relación de dependencia. De las familias poco se sabe.
Olga es una de las pocas mujeres que viven a la intemperie. "Reside" en la calle 51 desde hace 12 años y duerme encadenada a una bolsa por temor a que le sustraigan sus escasas pertenencias.
Inmueble en comodato
Al trabajo de Sumando Voluntades le falta algo esencial: un parador nocturno. Los miembros de la organización ya cuentan con camas, abrigos, acolchados y el resto del mobiliario necesario para equipar el lugar ?incluso lockers para que los "sin techo" guarden sus objetos?, pero aún no tienen respuestas a su pedido de un inmueble.
"Sólo necesitamos una casa en comodato. La idea es abrir a las 18, darles merienda, un baño donde asearse, luego la cena y a dormir en tibias camas", explicó Nancy. Además, están planeando implementar talleres de capacitación para colaborar en la reinserción de estas personas en la comunidad.
Charly, como se hace llamar uno de los indigentes, espera ansioso por el parador. Como es cocinero de profesión, ya se ofreció para ocuparse de la preparación de las comidas.
Si alguien desea colaborar con algún inmueble en La Plata, puede comunicarse con la Fundación Sumando Voluntades al teléfono (0221) 489-3402 o por correo electrónico a fudacionsumandovoluntades@yahoo.com.
LANACION.
miércoles
Blog Escula de Iruya..
Esto paso el 05/10.. aca va la nota de la nación..
http://escuelasalaesculla.blogspot.com/
Calidad de vida / Un puñado de chicos que ahora pueden soñar
Una escuela rancho salteña, a 2900 m de altura y con Internet
Tres maestros les enseñan a 35 alumnos; no hay luz, agua potable ni señal de celular
Clara Bianco LA NACION
PARAJE SALA ESCULLA, Salta.? Esta es una historia de las que abundan en la Argentina postergada, que no siempre alcanza las primeras páginas de los diarios, pues atañen a una pequeña comunidad en un remoto punto de la vasta geografía de nuestro país.
Cuando el helicóptero de la gobernación salteña se aproximó a la Escuela N° 4236, del paraje Sala Esculla, en el departamento de Iruya, Salta, la escena fue estremecedora.
El piloto, Alejandro Sagristá, se emocionó durante el vuelo cuando se enteró del propósito del viaje y disfrutó tanto o más que todos ese momento, mezcla de ansiedad y alegría. Ese grupo de chicos y maestros esperaba, desde hace años, entrar en el mundo y también en el futuro: iban a conectarse a Internet.
Desde la altura, los cerros son de color marrón muy claro y desnudos de vegetación. Por los ríos, con sus cauces de piedras grises, sólo corren pequeños hilos de agua. De repente brota la emoción, cuando en lo más alto de un cerro pelado se divisan dos pequeños puntos: era la escuelita rancho de Sala Esculla.
Al acercarse, una pequeña bandera argentina flameaba desteñida y deshilachada de tanto sol y tanto viento. Desde la altura se observaba un apretado grupo de personas. Allí estaban, a 2900 metros de altura sobre el nivel del mar, con sus guardapolvos blancos y manos en alto que se agitaban sin cesar, como si agradecieran la llegada de la computadora, esa máquina que cumpliría sus sueños.
Una pequeña bandada de niños puros como pájaros corrieron con los brazos abiertos para dar abrazos interminables. Con las manitos despejaban la tierra que levantaban las palas del helicóptero, ese otro pájaro de acero que muchos de ellos veían por primera vez.
Acuña, ante la adversidad
Junto con ellos estaba el director de escuela, un hombre de 41 años que desde hace 16 años no se rinde ante la adversidad y entrega todo por los chicos. Se acercó silencioso y en un abrazo apretó a los visitantes casi sin palabras, esos abrazos fuertes donde se unen los corazones. Alejo Tadeo Acuña es un grande, por su enorme humildad y dedicación. No le quedaría holgado el traje de héroe civil.
La Fundación Aprendiendo Bajo la Cruz del Sur, presidida por Claudia Gómez Costa, volvió a reunir la voluntad del sector privado y público, y conectó a la escuela rancho en la que viven tres maestros y 35 alumnos.
La jornada de su entrada en el futuro tecnológico fue conmovedora. Hubo gestos de asombro, alegría, lágrimas, cantos y coplas. Los chicos enseguida compusieron una canción para subir a su blog en la Red. Ninguno de ellos había visto jamás una computadora.
La igualdad de oportunidades y el acceso a los nuevos medios fueron las premisas que se cumplieron en esta primera conexión realizada a tanta altura y en tanta soledad.
A Sala Esculla se llega en helicóptero, como en esta única ocasión. Desde allí hasta Iruya, la población más cercana, se debe caminar 12 horas.
Las condiciones de vida son precarias: una letrina para todos, carecen de agua corriente y energía eléctrica y no llega la señal de la telefonía celular. Tres burros son los fletes de la escuela; las varillas, escasas, son la leña para cocinar; el abono animal es el combustible para quemar y calentar agua para higienizarse.
A ese escenario llegaron la antena satelital y el servicio de Internet donados por la empresa Servicios Satelitales. También hizo lo propio la empresa Dell con una computadora, además del asesoramiento de los técnicos y la capacitadora de los docentes. La PC funcionará con la energía producida por dos paneles solares.
El helicóptero trasladó también juguetes, medicamentos, libros y golosinas y una bandera argentina traída especialmente desde el Monumento a la Bandera, en Rosario. Para los chicos fue un verdadero día de fiesta. Comieron torta, algo inusual, y la aprovecharon, pues ese día una niña cumplía sus 15 años y nunca había tenido un festejo de cumpleaños.
Ahora Internet les abrió una ventana al mundo y al futuro. Con la avidez de quienes han esperado largo tiempo para alcanzar un sueño, los maestros y alumnos de Sala Esculla ya abrieron un blog y están aprendiendo rápidamente a familiarizarse con la tecnología para mostrar al mundo el patrimonio natural y cultural de una región remota y casi olvidada, allá arriba en el techo salteño de la Argentina.
Para recibir ayuda
Conectados ya al presente reciben ahora correos electrónicos de todas partes y hasta puede accederse al blog que, en menos de un mes, han logrado sacar adelante: mailto:escuelasalaesculla@gmail.com es el correo electrónico. El blog: http://escuelasalaesculla.blogspot.com. Todos coincidieron con la primera frase que colocaron los chicos en el blog: "Ya no estamos aislados".
Allí reciben saludos y también ayuda. Será bienvenido todo aquello útil que puede necesitar una pequeña escuela rancho con 35 alumnos y tres maestros. Por la noche, después de la comida y de una jornada imborrable, la mayoría de los niños se durmió con los libros nuevos sobre el pecho.
domingo
Los vecinos de Pompeya aprenden a pintar sus casas.
bien ahii!!!!
Por los barrios / Proyecto solidario.
Los vecinos de Pompeya aprenden a pintar sus casas.
Buenos Aires Más Color organizó la iniciativa, que gana adeptos.
LA NACION
Voluntarios y vecinos de Pompeya pintan la casa de Norma, inmigrante polaca de 81 años"El barrio estaba dormido y ahora se despertó." Así, Norma, una inmigrante polaca de 80 años y vecina del barrio porteño de Nueva Pompeya, definió el proyecto de diferentes organizaciones y del gobierno de la ciudad, para que los vecinos aprendan a pintar sus propias casas y las de aquellos que, por su avanzada edad, ya no pueden hacerlo.
El proyecto, llamado Buenos Aires Más Color Pompeya Pinta Bien, se está desarrollando con la participación del Programa Puertas del Bicentenario del gobierno de la ciudad, la asociación civil Más Color y la empresa Sinteplast, que donó 1250 litros de pintura y materiales para el arreglo de paredes. Hace unas semanas se realizó una pintada comunitaria en la que los vecinos y voluntarios ayudaron a colorear el frente de las casas de los ancianos del barrio.
"Se trata de un desafío que tiene como objetivo embellecer lo material y mejorar la calidad de vida en el barrio de Pompeya, en una zona denominada El Pueblito. También, buscamos que haya compromiso entre vecinos, solidaridad y que puedan aprender el oficio de pintar", dijo a LA NACION, María Paz Aispurúa, coordinadora del proyecto. Aispurúa precisó que "más de 90 casas participan de la iniciativa".
Nueva Pompeya, situado en el sur de la Capital, se caracteriza por sus casas bajas, algunas de estilo colonial. Los cafés tradicionales y el fanatismo por el tango son rasgos típicos. El paso del tiempo marcó muchas de las construcciones que muestran sus paredes grises y resquebrajadas. Es por eso que los vecinos aceptaron encantados el proyecto de pintar sus casas.
La asociación civil Más Color funciona hace ya seis años y está integrada por la colorista Catalina Clusellas, la artista plástica Diana Goransky, la coordinadora social Clara Escalante y los voluntarios Marilén Barros Moss y Ignacio Iachaso.
El grupo ya ha realizado ocho proyectos Pinta Bien en otros lugares del país.
"Pensamos que el color integra, transforma, da vida, energía, alegría y belleza. El color estimula y actúa como comunicador. Vivir rodeados de color significa vivir mejor. Con color se pueden revalorizar las condiciones naturales del lugar", sostuvo Escalante.
Como se dijo, la empresa Sinteplast se interesó en el proyecto cuando conoció sus objetivos. "Nos identifica en la idea de recuperar los barrios con la participación activa de los vecinos. Voluntarios de la empresa también participaron de la pintada comunitaria y vimos una muy buena reacción de la gente", dijo Paula Rodríguez, encargada del área de marketing y nieta de los fundadores de la empresa.
El programa, que tiene una duración de seis meses y que concluye el 17 del mes próximo, consta de diferentes etapas. "Estudiamos la geografía del barrio, de sus costumbres, su aspecto arquitectónico y los colores que siempre predominaron en él. En base a eso, elegimos la paleta de colores que usan los vecinos para sus casas. Además, en el club Torino, brindamos talleres de pintura y explicamos de qué se trataba el proyecto", dijo Clusellas.
Orlando Converti, vecino del barrio hace ya 81 años, es director del club barrial El Torino. "Yo ofrecí el club para que hagan los talleres. Me parece una gran idea la que han tenido, esto ayuda a revalorizar el barrio. Ahora se ve como hace 80 años", dijo Converti con entusiasmo.
Casas con colores ocre y verde; un limonero pintado por la artista plástica Anna Seggiaro, en la esquina de las calles Eistein y Beruti, y frentes con arreglos listos para convertirse en lienzos son algunos de los paisajes que ahora se ven en el barrio. "Ricardo Gómez, un viejo maestro de fileteado y vecino se ofreció a decorar, de forma gratuita, los números de las casas de los vecinos que lo desearan", aseguró Clusellas.
Mabel Torres, una vecina de 55 años, participa de la iniciativa de pintar su casa, con un toque especial que representa el espíritu del barrio: "Voy a escribir un poema de mi papá, Mario Torres, que era tanguero y que vivió toda su vida en Pompeya".


