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miércoles

Plaza Boedo: espacio para usar

Plaza Boedo: espacio para usar


Por Berto González Montaner
* Editor Jefe ARQ Clarin 06/07/11


DESDE EL AIRE. LA TRAZA CON RETAZOS VERDES DE LA NUEVA PLAZA MARIANO BOEDO, UN LOGRO DE LOS VECINOS TRAS AÑOS DE RECLAMOS POR SU ESPACIO PUBLICO.



Que a Buenos Aires le faltan espacios verdes no hay duda. Basta con que aparezca un tibio rayo de sol para que los vecinos salgan con el mate, la reposera, la pelota o la patineta a colonizar cuanto espacio libre, vacante o verde encuentren. Hay zonas de la Ciudad donde para darse ese gustito hay que andar bastante. Mucho más que los 10 minutos máximos recomendables que indican los planificadores del Gobierno porteño.


Hace unos cuantos años entrevisté a un flamante funcionario encargado de los destinos urbanos de la Ciudad. Por aquél entonces, cuando todavía Buenos Aires dependía del poder central y los porteños reclamábamos autonomía, el tema del planeamiento se había ido al descenso. Del rango de Secretaría de Planeamiento Urbano y Medio Ambiente había pasado a ser, en 1993, una Subsecretaría de Mantenimiento y Desarrollo. El encuentro con el funcionario, un ingeniero, tuvo lugar en su despacho con un gigantesco mapa de la Ciudad como telón de fondo. Inevitable en todo reportaje urbano, llegó el tema de la falta de espacios verdes. Y el mapa surgió como prueba gráfica irrefutable. Casi ingenuamente disparé: ¿Y si en vez de lamentarnos, salpicamos de plazas la ciudad? Casi 20 años después, algo de esta utopía o idea descabellada cobró forma en la Plaza Mariano Boedo recientemente inaugurada gracias al empeño y persistencia de los vecinos. Así es, la agrupación “Todos por la Plaza Boedo” logró que la Legislatura rezonifique el predio comprendido entre las calles Carlos Calvo, Sánchez de Loria y Estados Unido y que el Gobierno de la Ciudad, luego de expropiarlo, llame a un concurso de proyectos para convertirlo en la primera plaza del barrio. No solo la primera, también bastante singular.


Si pasaron por ahí se preguntarán por qué la nueva Plaza Boedo no se parece en nada a Plaza Almagro o a tantas otras de Buenos Aires donde predomina el césped. La respuesta está en la pregunta inicial que se hizo el arquitecto Leonardo Cabral, ganador del certamen organizado para darle forma a este espacio público.


“¿Cuál debiera ser el carácter de una plaza que, a diferencia de la mayoría de las plazas barriales de Buenos Aires, no nació como plaza?”, se pregunta Cabral.


Una plaza que ocupa solo una parte de la manzana, con casas y medianeras preexistentes y hasta con las huellas de una vieja estación de tranvías. Allí había funcionado hasta 1963 la Estación Vail y, luego, la terminal de la empresa de transportes “El Tata”.


Para entender qué hicieron con la plaza, hay que mirarla desde bien arriba. Cabral reprodujo en el predio el trazado de lotes de las manzanas circundantes, como intentando recuperar la memoria de ese tejido bien tupido y abigarrado que tiene el barrio. Pero ahora buscando una mejor calidad ambiental, reemplazando metros cuadrados construidos por pisos y canteros con verde.


Hasta acá, la idea, el argumento que pergenió el arquitecto para inventar una plaza atípica, que intenta responder a las especificidades del lugar.


Sin embargo, las plazas no se disfrutan solo a vuelo de pájaro. O guiados por un manual de explicaciones. Están para usarlas, para apropiarse de ellas. Hace semanas la vengo auscultando. Paso frecuentemente para ver cómo está funcionando y la comparo con otras plazas cercanas. A pesar de los últimos fríos, se llena. Cabeza, jueguito, patineta, malabaristas, parejas, grupitos de adolescentes. Y también la calesita. Más allá de la polémica de si tiene mucho o poco cemento, si es un verdadero espacio verde o una plaza seca, la gente la usa intensamente. Curiosamente borrando o resignificando los límites del trazado impuesto por el arquitecto. Más allá de estas disquisiciones, bienvenida Plaza Boedo.

plaza con más cemento que césped

Polémica por una plaza con más cemento que césped


Es la primera que hay en el barrio de Boedo Aunque es una conquista tras décadas de reclamos, hay vecinos que no están conformes con el diseño y la concepción del espacio. Ya funciona una parte y estaría terminada entre abril y mayo.
 

Por Einat Rozenwasser
16/03/11 Clarin.
Hay una primera impresión que es rara (en la estricta definición de la RAE: extraordinaria, poco común o frecuente). El sector inaugurado a fines de diciembre de la plaza Mariano Boedo todavía huele a nuevo, y avanza la obra para completar entre abril y mayo el predio del lado de Loria, donde se conservan las estructuras de las viejas estaciones de tranvías y ómnibus (ver “Antecedentes”). Pero esa no es la rareza, claro que no. Sucede que el lugar no respeta el formato tradicional de las plazas porteñas y predominan los canteros y los paredones de hormigón , por lo que algunos cuestionan la falta de “verde” en lo que debería ser un “espacio verde”.
“Cuando hablábamos de plaza nos imaginábamos césped por todos lados ”, coinciden Carolina y Marcela, mamás de Valentín y Thiago (7 años), que van de un lado a otro porfiando destrezas con una de esas patinetas modernas (waveboard para los entendidos). “Pero la verdad es que los chicos se divierten como locos acá, los traemos casi todos los días después del cole y están felices, ¡es la primera plaza del barrio !”, apuntan. Se estima que en el área de influencia viven unas 50 mil personas .


Patricia Roselló es presidenta de la Asociación de Vecinos por la Plaza de Boedo, que desde hace más de 30 años impulsa el proyecto . “Tuvimos muchas batallas por el verde, pero también queríamos el anfiteatro, los juegos, todo. Y si bien para el barrio representa un gran cambio, seguimos estando en situación complicada.

En Boedo prácticamente no hay espacios verdes. Cuando la plaza esté terminada vamos a seguir lejos de la cantidad de metros de verde recomendada por habitante. Seguimos en emergencia ambiental”, explica.
La plaza ocupa 1,08 hectáreas y está delimitada por las calles Estados Unidos, Virrey Liniers, Carlos Calvo y Sánchez de Loria.
“Es una plaza de influencia barrial, no urbana ni metropolitana”, advierte el ministro de Desarrollo Urbano Daniel Chaín. Su área de influencia ambiental es de 500 metros, contra los 4 kilómetros que proporcionan los parques metropolitanos, como los Bosques de Palermo.
El 53% de la Plaza Boedo está destinado a superficies verdes (arbolado, arbustos y plantas trepadoras) y en el 47% restante se distribuyen un anfiteatro, juegos para chicos (un arenero, una calesita y juegos con agua para el verano) y un área para exposiciones. El plan contempla la plantación de 60 árboles de porte pequeño y 150 de porte medio (que en 2016 alcanzarán la mitad de su tamaño). “En cinco años la plaza va a tener un 44% de sombra y después va a llegar al 86%”, apunta el ministro.


¿Por qué la decisión de construir una plaza de estas características? “Verde no necesariamente tiene que ser pasto”, argumenta Chaín. “A la hora de proyectar estos espacios, hay que pensar también en el uso. Los parques tienen grandes extensiones de césped, pero la gente no los pisa todos los días, van los fines de semana y el resto de los días, el verde se recupera. Acá se puede usar el pasto para sentarse, pero no para caminar.
Y hay plantas ornamentales que cubren las funciones, además de proporcionar descanso para la contaminación visual”, sostiene.

Los vecinos notan el cambio que el nuevo espacio genera en el barrio. “Apareció el piberío. Está lleno de chicos, a toda hora. Vivo acá hace 14 años y antes no se veía eso en las calles de Boedo”, dice Roselló. Pero están preocupados por el proyecto de construir un nuevo edificio para el CGP de la Comuna en ese mismo lugar. “Cambiaría el destino del predio”, apunta.